En estas últimas semanas tuve varias charlas con familiares y amigos acerca de cómo vamos a salir transformados de este 2020 tan complicado. Todos coincidimos en que lo más difícil de sobrellevar a esta altura del año es la incertidumbre por el fin de la pandemia, o al menos un mayor control de los contagios. Pasan los meses y no solo aumentan las posibilidades de que nos enfermemos, sino la intensidad del golpe a la economía. Cada día nos sentimos más tensos y agobiados. Y entonces, recuperar el foco y la motivación se vuelve prioritario.

Definitivamente, esta crisis no nos pegó a todos por igual. Sin minimizar los desafíos de cada experiencia personal, está claro que los que tienen un empleo y pudieron seguir con sus actividades desde casa pudieron atravesar estos meses con otra tranquilidad. Al menos, estuvieron asegurados los pagos de la renta, la tarjeta de crédito o la colegiatura de los niños.

El escenario fue diferente en el mundo de los emprendedores. Con proyectos en pausa, clientes a la baja, o en muchísimos casos directamente sin ingresos de un día para otro, todos tuvimos que tomar medidas rápidas para asegurar la supervivencia de nuestros negocios. Lo hicimos lo mejor que pudimos, a veces sin mucho espacio para la reflexión. Y todavía seguimos remando en medio de un mar tempestuoso.

Mientras tanto, el stress se convirtió en nuestro compañero silencioso.

Y con los meses, eso se reflejó en ataques de ansiedad, incapacidad para relajarse, largas noches de insomnio y, en muchísimos casos, depresión. El stress también afectó nuestra capacidad de trabajo y productividad, y entonces son muchos los que hoy se preguntan: ¿cómo sigo adelante? ¡Si todavía no se terminó el año y ya estoy agotado!

Por eso hoy quiero compartirte algunas de mis claves para recuperar el foco y la motivación cuando estamos a punto de “tirar la toalla”. Son ideas y hábitos que descubrí a través de mis lecturas de libros de desarrollo personal, de sesiones de coaching y de mi propia experiencia, que fui desarrollando con los años y que en estos días me resultan esenciales para despejar la mente y reconectarme con mis propósitos.

Ojo, ¡no son fórmulas mágicas ni infalibles! Son conceptos y prácticas muy sencillas que, aplicadas con regularidad, pueden hacer que un día que arranca con los peores pronósticos no solo resulte más fácil y productivo, sino más “disfrutable”. ¡Y el disfrute, que nos conecta con la vida, me parece un concepto fundamental en estos momentos!

Clave #1. Entender qué es el stress

Tuve el enorme privilegio de iniciar mi carrera en La Nación, uno de los periódicos más importantes de América Latina. Hace 25 años, las redacciones eran espacios vibrantes, donde tenías la posibilidad de trabajar con grandes periodistas y editores, y de aprender de ellos. El ritmo de trabajo era frenético, y el stress por conseguir una entrevista exclusiva o conseguir una primicia era diario. Como me dijo una vez uno de mis grandes maestros, “uno es periodista las 24 horas del día”.

Así que el stress no solo fue algo que acepté, sino que en algún punto incorporé como algo natural y consideré hasta imprescindible para mantener el ritmo de trabajo. Y ese pensamiento me acompañó durante muchos años, hasta que un día me di cuenta de cómo estaba afectando mi salud y mi vida personal, y de que tenía que aprender a controlarlo. ¿Pero cómo?

La depresión es exceso de pasado; la ansiedad es exceso de futuro. El presente es estar en paz.

Encontré la respuesta en un curso de respiración consciente, al que me inscribí en medio de uno de los cierres más complicados de una revista que dirigía. Ahí entendí qué es el stress: esa permanente fluctuación de la mente entre el futuro y el pasado, que nos impide conectarnos con lo único que realmente cuenta, el aquí y ahora. “Será que logro cerrar ese contrato, por qué ese cliente ya no me llamó, qué será de mi empresa…”. El primer paso para recuperar el foco y la motivación es salir de esa trampa.

Clave #2. Empezar el día con la mente despejada

¿Qué es lo primero que haces apenas te levantas? Seguramente, lo que yo hice durante mucho tiempo: tomar el celular para revisar los últimos mensajes o alguna notificación de las redes sociales. Así va a ser inevitable que caigas en un espiral de pensamientos marcados por la urgencia y la preocupación, que no te van a permitir organizarte ni mucho menos dar espacio a la creatividad.

Para empezar el día con la mente despejada, lo primero que tienes que hacer es levantarte temprano. Eso te va a dar tiempo para desayunar con tranquilidad y practicar alguna rutina saludable, que te ayude a conectarte con el presente. Qué tipo de rutina va a depender de tus personalidad, de tus gustos y de lo que mejor te funcione.

Hay gente que prefiere salir a correr o hacer otro tipo de ejercicio intenso. Otros se inclinan por el yoga. A mí, lo que más me funciona es meditar con la ayuda de alguna aplicación o de videos que están publicados en Internet, como los de Deepak Chopra. Mucha gente cree que meditar es entrar en una concentración profunda o un estado de inconsciencia, cuando en realidad la idea es relajarse, conectarse con uno mismo y dejarse ir con las herramientas que uno tiene en ese momento, sin que eso implique un esfuerzo. ¡Anímate a probarla!

Clave #3 Enfocarse en los hábitos más que en los objetivos

Como me explicó una vez un coach en desarrollo personal, el foco y la motivación son músculos en los que hay que trabajar todos los días. Y esto es así incluso en el caso de las personas más disciplinadas y productivas.

¿Cómo ejercitar esos músculos? Con hábitos que nos vuelvan más organizados, nos permitan aprovechar mejor el tiempo y nos acerquen, paso a paso, hacia el logro de nuestros objetivos. El problema es que solemos hacer exactamente lo contrario: pasar semanas pensando en la entrega de un proyecto y ponernos a trabajar en él solo a último momento, consumidos por la ansiedad y la preocupación.

Si realmente quiero mejorar la situación, puedo trabajar en lo único sobre lo que tengo control: yo mismo.

Stephen Covey

Si quieres leer más, en vez de ponerte metas como “terminar dos libros por mes”, comprométete a una hora de lectura diaria. Si quieres bajar de peso, en vez de obsesionarte con los kilos que tienes de más, comienza a caminar una hora cada mañana. O si quieres dormir más horas, acuéstate más temprano. Desarrollar nuevos hábitos no es tan difícil como parece, la clave está en empezar de a poco y en ir registrando nuestros “pequeños grandes logros” con la ayuda de alguna herramienta o aplicación, como Habit List. Sentir que avanzamos es fundamental para la motivación.

Clave #4 Dejar de estar “siempre ocupada”

“¡Estoy a 1,000 por hora”. “¡No tengo un minuto!” Esas son frases que repetía mucho y que me servían de excusa para cualquier cosa que nunca lograba concretar: desde empezar el gimnasio hasta terminar un proyecto o salir de la ciudad los fines de semana. ¿La realidad? No es que estemos tan ocupados, es que no sabemos priorizar nuestras actividades ni aprovechar el tiempo.

Estar siempre corriendo detrás de nuestros compromisos y pendientes no solo es lo más improductivo que hay, es la mejor manera de vivir sufriendo. ¿Y qué sentido tiene entonces emprender o iniciar cualquier proyecto que nos ilusione? Para salir de esta otra trampa, tenemos que incorporar algún sistema que nos permita organizar mejor nuestro trabajo. Y uno de los más efectivos es el que utiliza los dos principios básicos de “urgente” e “importante” para armar listas de tareas para cada día, semana y mes. Y así, poder organizar mejor nuestra agenda y trabajar con una sensación de mayor control sobre las cosas.

La idea es dividir los pendientes de la siguiente manera:

  1. Tareas urgentes e importantes (por ejemplo, enviar una propuesta comercial a un posible cliente).
  2. Tareas urgentes pero no importantes (por ejemplo, renovar la suscripción a una revista, que se venció hace dos semanas).
  3. Tareas importantes pero no urgentes (por ejemplo, empezar a trabajar en la nueva imagen corporativa de la empresa).
  4. Tareas ni urgentes ni importantes (por ejemplo, redecorar la oficina).

Clave #5. Tomarme pausas para hacer las cosas que más disfruto

Este aislamiento social de meses fue espantoso en muchos sentidos, pero si algo tengo que agradecerle es que me permitió dedicarle más tiempo a las cosas que más me gustan en la vida, que me conectan con lo que soy y que me motivan. Y que de alguna manera le dieron un poco de sentido a este año tan triste. Por ejemplo, los libros, el cine, la música y la cocina.

En esos meses que resolví todo a través de video-llamadas y me ahorré horas que antes pasaba yendo de un lugar a otro de la ciudad, me pude organizar mejor y tomarme pausas durante el día para agarrar un libro, probar una nueva receta o practicar piano. A veces esas pausas no duran más de media hora, pero son suficientes para despejarme cuando me siento desganada o atorada con algún proyecto, recuperar la energía y darle color a días que a veces se vuelven tan grises.

Cuando tenemos tanto por resolver y el negocio se ve amenazado, es fácil concentrarse solo en el trabajo, incluso durante los fines de semana. Pero en estos largos meses, en los que los días parecen todos iguales, es fundamental que nos creemos esos espacios de esparcimiento y nos dediquemos tiempo.

Para superar los momentos de crisis, la voluntad y la fortaleza no son suficientes.

Para terminar, me gustaría dejarte un pensamiento sobre el miedo, un sentimiento que está afectando a tantas personas en estos momentos, que puede resultar muy paralizante, y que puede afectar directamente tu capacidad para recuperar el foco y la motivación.

Cuando lo sientas (nos pasa a todos), no huyas de él, porque a la larga va a volver a aparecer. Respira hondo y míralo directamente a los ojos. Entonces, podrás empezar a entender cuáles son sus causas profundas y empezar a actuar sobre él. Y de paso, quedarte con alguna lección importante, de esas que le dan sentido a los momentos más difíciles.  

Laura

Fotografía: Jenna Hamra, Pexels.

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