Hace cuatro años, por estas mismas fechas, arrancaba oficialmente con Laura Emprende. Por eso febrero es para mí un mes de celebración, pero también de reflexión sobre las grandes lecciones que me dejó emprender.

Mirar para atrás y pensar en todo por lo que pasé me produce una mezcla de emociones. Me da ternura y nostalgia recordar el entusiasmo desbordado de esas primeras semanas frente a la computadora, trabajando en página Web y mis primeras presentaciones de ventas. Siento satisfacción por todo lo que logré, y entonces me doy unas palmaditas en la espalda. También cierta frustración y desencanto por las cosas en las que fracasé, o las personas con las que no trabajé bien y que quedaron en el camino. La convicción de que quiero ser la jefa de mi vida sigue intacta.  

Así que como cada febrero, me tomo una mañana para reflexionar sobre mis aprendizajes en el mundo de los negocios y escribirlos, para capturarlos y revisarlos al año siguiente. Es un ejercicio muy poderoso y que te recomiendo hacer, porque te permite salir de la vorágine del día a día, ganar perspectiva y evaluar tus avances de una forma más objetiva. Porque ser emprendedor no solo te hace mejor en marketing, ventas o finanzas: también te transforma como persona. Y quizá ese es el lado más fascinante de todo esto.   

Fortune favors the bold who get shit done.

Sophia Amoruso

Dejar esas lecciones por escrito también me permite compartirlas, y eso es lo que quiero hacer hoy a través de este post. Cada persona es diferente, cada historia emprendedora es única, por lo que estas enseñanzas no tienen que ser necesariamente las tuyas.

La idea es que estas lecciones te inspiren, que te hagan reflexionar y te inviten a escribir tu propia lista cada año.

Lección #1 Es mejor emprender en algo que nos apasione

Es algo que se dice mucho, pero que la mayoría aprendemos después de algunas malas decisiones. Porque es la pasión lo que te mantiene el entusiasmo y la energía cuando las cosas se ponen difíciles. Que saca lo mejor de ti. Y te permite seguir adelante cuando los demás (a veces los que más te quieren) empiezan a sugerirte que busques un trabajo.

Por supuesto, encontrar una buena oportunidad de mercado es igual de importante. Pero si nos enfocamos solo en eso, en algún momento el no estar “enamorado” del giro del negocio te puede afectar. Mi primer emprendimiento fue una escuela de idiomas enfocada en el segmento corporativo, que abrimos en 2007. Dos de mis socias eran profesoras de español para extranjeros, excelentes en lo suyo y con un amor profundo por la enseñanza. Yo en realidad vi más el negocio que otra cosa, y cuando después de dos años ya estaba claro que no íbamos para ningún lado seguí adelante por cabeza dura. Pero me costaba pensar en nuevas ideas, entusiasmarme con un nuevo proyecto o conectarme con los clientes. Al final todo se volvió bastante mecánico para mí, y seguramente ahí estuvo una de los tantas razones de nuestro fracaso.

Lección #2 El mercado siempre tiene la última palabra

Los emprendedores somos naturalmente entusiastas y optimistas, y el problema con la pasión es que puede cegarnos. No solo la pasión por lo que hacemos, sino también por el producto o servicio que desarrollamos, o por la capacidad de nuestro equipo. Y hay que tener mucho cuidado con esto porque nos puede hacer perder dinero, pero sobre todo tiempo.

Cuando empecé con Laura Emprende, mi idea original era desarrollar contenidos y eventos para capacitar a emprendedores de las industrias creativas, un segmento que todavía tiene un enorme potencial de crecimiento en América Latina. Después de siete años como directora editorial de la revista Entrepreneur en México, tenía mucha confianza en todo lo que había aprendido sobre el desarrollo de negocios y sobre todo en la red de contactos que había tejido con actores clave del ecosistema.

El problema es que en 2016 el Instituto Nacional del Emprendedor (Inadem) todavía estaba en plena actividad y había una oferta enorme de recursos gratuitos para aprender a abrir un negocio. Conseguir que alguien pagara bien por un taller o una mentoría era difícil, aún cuando el coach fuera excelente o invirtiéramos en publicidad. No le encontrábamos la vuelta. Y cuando empezaba a quedarme sin ahorros me llamaron de una empresa para que les desarrollara una estrategia de marketing de contenidos. Ese fue mi ¡a-ha! moment: ahí estaba mi mezcla perfecta de oportunidad y pasión.       

Lección #3 La realidad es más dura de lo que imaginamos

Oh sí, yo también pensé que me las sabía todas… Como periodista de negocios, hice tantas entrevistas con empresarios exitosos, y escribí tantos artículos de consejos sobre emprender o hacer crecer una empresa, que cuando alguien se acercaba a pedirme un consejo siempre tenía una respuesta. La escuela de idiomas me había dejado buenas enseñanzas también, pero pasar al otro lado del mostrador por segunda vez fue mucho más difícil de lo que imaginé.

Solo la experiencia y la fortaleza que vas desarrollando en el camino te preparan para investigar durante semanas cómo funciona WordPress, trabajar horas y horas en la estructura de tu sitio y una madrugada descubrir que, por no se qué función que activaste por error, todo desapareció. Y empezar de nuevo a la mañana siguiente… O para trabajar durante meses con alguien que crees conocer y un día darte cuenta de que no comparten nada.

El tema de las relaciones personales es quizá el más duro de manejar, y hay que trabajar mucho en temas como la aceptación, el desprendimiento y la capacidad de no tomarse las cosas de manera personal. Yo confieso que sigo batallando con eso, porque soy intensa con mis afectos y no suelo tener términos medios con la gente.

Lección #4 La base del éxito es la disciplina

Cuando uno tiene un empleo y una quincena asegurada, puede darse el lujo de tener un mal día, sobre todo si cuentas con un equipo que te respalde. Pero cuando tienes un negocio, todo depende de ti, sobre todo en los primeros tiempos. Y si no aprendes cómo aprovechar cada minuto del día (incluso aquellos que tienes que destinar al descanso o al ejercicio), no te va a salvar ni el talento ni la capacidad de trabajo.

Tener auto-control y organizarse es clave porque al final uno ya no tiene más jefe que uno mismo. Y si se trabaja desde casa, es fácil darse el permiso de hacer el súper un lunes por la mañana porque hay menos gente, o tomar un café todos los días con un potencial cliente. Si bien hay personas más estructuradas que otras, la realidad es que la disciplina es una habilidad que se puede desarrollar con conocimiento y sobre todo con mucha práctica. Y que al contrario de lo que mucha gente piensa, estimula la creatividad, porque solo con la mente tranquila (y no con la angustia de miles de pendientes sin resolver) podemos generar buenas ideas.

Lección #5 Lo perfecto es enemigo de lo posible

En mis años como editora, mi tendencia al perfeccionismo se exacerbó (la falta de un acento o una coma en un artículo de la revista que acababa de salir de la imprenta era capaz de arruinarme el día y la semana completa). Ahora como emprendedora, mi frase de cabecera es: “ante la duda, hacelo”.

Por supuesto, no estoy hablando de decisiones que puedan poner en riesgo el negocio (como aumentar al doble el presupuesto en Google Adwords) o que necesiten un análisis profundo, sino de tareas o proyectos en los que necesito avanzar. Mi sitio Web, por ejemplo, pasó por mil cambios desde que lo subí a Internet, pero si hubiera esperado a tener la página perfecta todavía estaría trabajando en ella.

La realidad es que uno empieza a entender qué funciona y qué no cuando pasa de la teoría a la acción.

Y para eso hay tomarse un poco menos en serio, animarse a equivocarse y olvidarse de la mirada ajena. Lo peor que podemos hacer es paralizarnos. Si tuviera que elegir una de todas las lecciones que me dejó emprender, probablemente me quedaría con esta.

Lección #6 Hay que mantenerse enfocado en lo de uno

El éxito es un viaje, no un destino. Por eso es tan importante lo que hacemos y decidimos cada día, y mantenernos enfocados en abrir un camino propio. Cuando nos va mal, pero sobre todo cuando nos empieza a ir muy bien y podemos marearnos un poco. O cuando aparecen nuevos competidores y los sentimos como una amenaza.

No estoy diciendo que hay que ignorar lo que pasa afuera, porque si hay algo que no podemos perder es el contacto con el mercado. Me refiero a confiar en quiénes somos, en nuestras fortalezas y en todo aquello que nos vuelve únicos para clientes, proveedores y aliados. Hay mucha pose en el mundo emprendedor, muchas historias de éxito que pueden hacernos sentir pequeños y hasta desmotivarnos, pero que a veces también se explican por recursos u apoyos a los que nosotros no tenemos acceso. Además, en el mundo siempre van a existir personas más inteligentes o más capaces que nosotros, y al final lo que cuenta es aprovechar al máximo nuestras ventajas. Si aparecen estos distractores, es mejor no prestarles atención y seguir enfocados en escribir nuestra propia historia.

Lección #7 De un paso a la vez se llega más lejos

Cuando uno tiene una posición directiva en una empresa, tiene acceso a presupuesto, recursos y la colaboración de un equipo. Por eso lo mínimo que se espera es que puedas manejar varios proyectos a la vez. Al frente de un negocio, en cambio, uno tiene que aprender a priorizar los proyectos, porque si se quiere hacer todo a la vez al final no se termina nada.

Eso fue lo que me pasó durante el primer año de Laura Emprende. De repente, en un mismo día desayunaba con un potencial aliado, me comunicaba con un cliente, escribía contenido para mi Web, actualizaba las redes sociales y trabajaba en la presentación de una conferencia. Terminaba agotada, y con esa horrible sensación de no haber avanzado en nada.

Lo que más me ayudó a superar esa fase fue trabajar en un plan estratégico anual, con no más de cinco o seis objetivos grandes, y un plan detallado de las acciones que tengo que ejecutar cada trimestre. Esto no solo me permite organizarme mejor y dedicarle tiempo a las cosas que realmente pueden tener un impacto en los ingresos de la empresa, sino evitar sentirme abrumada por todo lo que quiero conseguir en 12 meses.

Planificar también me ayudó mucho a aprender a decir que no cuando aparece algún proyecto o propuesta que puede desenfocarme.

Estos cuatro años me dejaron muchas más lecciones, pero definitivamente estas son las siete que más me marcaron. Y estoy segura de que van a venir muchas más, porque uno siempre puede ser un mejor emprendedor y una mejor persona. Para seguir en permanente transformación, solo hay que mantener la curiosidad viva, como cuando éramos niños. Justo este fin de semana volví a ver (esta vez con mis sobrinos y a través de sus ojos) una película que amo, Scent of a Woman… Y me quedó en la cabeza esta frase del protagonista, Frank Slade, interpretado por el genial Al Pacino:   

The day we stop looking, Charlie, is the day we die.

Ser emprendedor puede ser muy distinto a lo que imaginaste, hacerte pasar por las pruebas más difíciles y hacer que más de una vez te preguntes si vale la pena seguir adelante. Pero también darte enormes alegrías, empujar tus límites y darte la oportunidad de saber quién eres en realidad. Pocas aventuras pueden ser más estimulantes, desafiantes y enriquecedoras.

Laura

Fotografía: Pixabay, Pexels.