“¿Qué es lo que realmente quiero de la vida?”. Todos, en algún momento, nos hemos hecho esta pregunta. Y la respuesta también suele ser bastante común: “quiero ser feliz”. ¿Pero cómo lograrlo? Una de las respuestas más sorprendentes que recibí en estos últimos años es que la felicidad se construye con buenos hábitos.

Este es un concepto que desarrolla Gretchen Rubin en sus dos libros más conocidos: The Happiness Project (Objetivo: felicidad. Urano) y Better than Before (Mejor que nunca. Aguilar). Como buena estadounidense, la autora tiene un enfoque muy pragmático sobre el asunto. “Nunca entendí a quien cree que la felicidad es una elección”, explica. “¿Cómo puedes elegir un estado emocional?”.

Luego de años de investigaciones y exploraciones personales, Rubin llegó a la conclusión de que ser feliz tiene mucho que ver con la autorrealización, es decir, con el logro de metas. Y que en esa búsqueda, los hábitos pueden convertirse en nuestros aliados o en nuestros enemigos.

Mañana, a la misma hora

Después de todo, la rutina es la arquitectura invisible de nuestra vida diaria.

Hay investigaciones que revelan que cada día repetimos el 40% de nuestro comportamiento, y casi siempre en el mismo contexto.

Es que a menos que estemos en fin de semana, de vacaciones o enfermos, casi siempre nos despertamos a la misma hora, trabajamos en los mismos lugares y nos entretenemos de la misma manera.

Entonces, queda más claro por qué la felicidad se construye con buenos hábitos: porque si cambiamos nuestra rutina podemos transformar nuestra vida. O al menos, nuestro estado de ánimo, nuestra salud, y nuestra capacidad para comunicarnos con los demás y tener relaciones más plenas. No es poco, ¿verdad?

Pero claro, debe haber pocas palabras que suenen más aburridas que “hábito” o “rutina”. O que evoquen tan claramente esa sensación de falta de libertad, de espontaneidad o de creatividad. ¿Para qué sumar entonces otro motivo de ansiedad? Y quizá aquí está la explicación más importante de por qué los hábitos están conectados con la felicidad: porque nos liberan de tener que tomar decisiones continuamente y nos dejan tiempo para lo realmente importante.

Si levantarse y prepararse para ir al gimnasio, sin pensarlo demasiado, se convierte en una constante, o si dedicamos las primeras horas de la jornada laboral al trabajo creativo y avanzamos a paso firme con nuestros proyectos, no solo liberamos una cantidad impresionante de energía. También nos sentimos más tranquilos y enfocados.  

Lo que haces cada día es más importante que lo que haces cada tanto.

Gretchen Rubin

La rutina es importante además porque nos vuelve mucho más productivos. Tendemos a sobreestimar lo que podemos hacer en un período corto de tiempo, pero dejamos de lado todo lo que podemos avanzar en etapas más prolongadas si trabajamos en algo pocas horas por día, pero en forma consistente.

Piénsalo así: si tienes que terminar una presentación importante, dedicarle una hora de trabajo enfocado de lunes a viernes puede sumar muchísimo más que encerrarse a escribir durante todo el fin de semana, con el apuro y la angustia del deadline encima.

¿Por dónde empezar a incorporar buenos hábitos?

Rubin sugiere arrancar por aquellos que fortalecen el autocontrol, que es una de las características de las personas más felices y seguras de sí mismas. Por ejemplo, hay que dormir lo suficiente, hacer ejercicio, alimentarse bien… Y mantener el orden en la casa y en la oficina, algo fundamental para moverse en un ambiente de calma y dominio.  

Así, uno puede ir construyendo una rutina personal basada en la frecuencia. Con ella, tendrás más tiempo para cumplir con todas tus obligaciones y, además, ir al cine, disfrutar de tu pareja o tu familia, y recuperar algún hobby.

¿Cómo logré armar mi rutina personal? Con estos cinco consejos que puse en práctica.

#1. Organiza tu día con anticipación

Antes de abandonar la oficina, o tu escritorio en caso de que hagas home office, tómate media hora para planificar tu siguiente jornada y cómo vas a organizarte para realizar todas tus actividades. Recuerda: reserva esas horas en las que te sientas más productivo para tu trabajo creativo o tus proyectos más importantes.

Con un panorama claro, te sentirás menos abrumado, dormirás mejor, y te despertarás listo para encarar tus retos y tomar mejores decisiones.

#2. Limita la lista de pendientes diarios

Un error que todos cometemos es armar registros interminables de cosas por hacer en un solo día. No solo nunca los completamos, ¡tienen un efecto boomerang y aumentan nuestro nivel de ansiedad y frustración! Un buen recurso que yo utilizo es anotar esas tareas en la agenda o sobre un Post-it de tamaño regular (de 3 x 3 cm): en mi caso, cinco son más que suficientes. Y claro, hay que priorizar (la mayor parte de las cosas pueden esperar).

Al final de cada día, cuando veas que avanzaste con todos los pendientes, habrás entendido por qué la felicidad se construye con buenos hábitos.

#3. Divide tu jornada en bloques de tiempo

Establece períodos de trabajo con horas definidas de inicio y finalización, aunque trabajes en casa. Y dedica cada bloque a distintas actividades, de acuerdo a tu orden de prioridades: por ejemplo, escritura creativa, e-mails, reuniones o tareas administrativas (como generar facturas o pagar alguna cuenta). Lo ideal es manejarse con espacios no superiores a dos horas, luego de ese tiempo es difícil mantener la atención.

Respetar esos límites te ayudará a no tardar más de la cuenta en cada actividad y a no caer en la adicción al trabajo.

#4. Monitorea tu rutina

En vez de medir los resultados (por ejemplo, perder tres kilos), es mejor llevar la “contabilidad” de los buenos hábitos que vamos incorporando (como ir al gimnasio o caminar una hora todos los días). A mí me gustan mucho las aplicaciones de productividad como Habit List, que no tienen muchas vueltas y resultan sumamente útiles. Con ella podrás armar listas de hábitos, asignarles una frecuencia por hora, por día o por semana, y motivarte a través de recordatorios y notificaciones de metas alcanzadas.   

#5. Evita las excusas

Por último recuerda que, al escoger determinados hábitos, empleamos el poder de la automecanización como una fuerza de gran alcance para la serenidad, la energía y el crecimiento. Pero que también podemos ser muy buenos para autoboicotearnos, y que habrá días mejores que otros.

Según los expertos, incorporar un nuevo hábito toma no menos de 21 días, pero eso depende de la personalidad y la capacidad de disciplina de cada persona. Así que tente paciencia pero, ante todo, mentalízate para superar rápido cualquier tipo de excusas del tipo “Hoy no tengo ganas” o “Retomo mañana”.

Ante la duda, repítete que «la felicidad se construye con buenos hábitos». Y, sin pensarlo mucho, ¡ponte en acción!

Laura

Fotografía: Mikhail Nilov, Pexels.

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